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Psicología bebés y niños

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¿Qué hacer y qué no hacer en una rabieta?

Natalia Trenchi

¿Quién no ha visto a un niño gritando en plena calle, en una fila o en una góndola del supermercado? En la escena, la madre o el padre tratan de calmarlo en una mezcla de ansiedad, mal humor y vergüenza, ante lo cual el pequeño o la pequeña ni se inmutan, llorando con los ojos apretados con fuerza y fastidio.

La Academia Estadounidense de Pediatría recomienda consultar al pediatra si las rabietas empeoran después de los cuatro años; si el niño o la niña se lesionan, lastiman a otros o destruyen pertenencias durante las rabietas; si contienen la respiración en el transcurso de la reacción (en especial si se desmayan); si tienen también pesadillas, involución en el control de esfínteres, dolores de cabeza o dolores estomacales, ansiedad, se niegan a comer o ir a la cama y se aferran a sus padres.

En todas las veces en las que no se llega a un plano tan grave, ¿hay formas “ideales” para ayudarlos a superar su berrinche sin perder el control? Tu bebé dialogó sobre el tema con Natalia Trenchi, psiquiatra de niños y adolescentes.

¿Es normal que el niño tenga reacciones fuertes de enojo como las rabietas y los berrinches?

Sí, las rabietas son un fenómeno normal en el desarrollo y tienen un pico alrededor de los dos años en que son más frecuentes. Son una manifestación del niño aún inmaduro que expresa “esto es más fuerte que yo, no me lo puedo bancar”; si vinieran con subtítulos es eso lo que diría abajo. Pero hay diferentes tipos de rabietas, la sabiduría radica en saber reconocerlas.

¿En qué sentido?

Hay un tipo de rabieta que es manipuladora, tiene un destinatario y generalmente es para conseguir algo, sea un objeto o un permiso para hacer algo que no se les deja hacer. Ahí lo mejor es no darles lo que están buscando. Lo primero es no prestarles demasiada atención. Hay que tratar de seguir como si tal cosa, como si no pasara nada y, después de la rabieta, hablar, decirles que uno los vio y se aseguró de que no les pasara nada, pero que cuando estén en ese estado no se va a interactuar con ellos en lo más mínimo. Y, al mismo tiempo, explicarles que sí pueden hablar cuando están tranquilos, cuando están bien.

¿Hay otras formas de rabietas?

Sí, hay otro tipo que se da cuando hay algo que los supera realmente y la emoción los inunda, entonces lloran, lloran realmente embargados por una emoción que no pueden controlar y ahí no están buscando nada, están expresando que algo demasiado fuerte los inundó. Esa rabieta no la dejen pasar por alto, porque lo que necesitan es un abrazo.

En sí, nunca hay que responder a una rabieta con otra rabieta o con otra “crisis adulta”. Hay que tener calma, usar palabras suaves pero no pretender hablar en ese momento porque en una rabieta manda el cerebro irracional e invade al resto del cerebro lógico. En una rabieta uno no puede pensar, por eso hay que contener, abrazar y si son chiquitos mecerlos suavemente, hablarles despacito, tararearles algo suave y esperar, porque las rabietas tienen un pico y después empiezan a aflojar.

Hasta ahora hablaste de las rabietas como algo que se da hasta los dos años. Si se dan después, ¿pueden alertar sobre algún problema?

Una vez que dominan el lenguaje, los niños deberían ser capaces de expresar con palabras lo que le pasas, aunque eso no quiere decir que si algo los enoja no lo van a expresar físicamente. Lo que hay que saber es que una rabieta en sí no es solo la expresión física de un enojo, implica tirarse al piso o hacer pataletas y toda una descarga motora que, una vez que el niño tiene un buen dominio del lenguaje, es esperable que no suceda.

¿Hay niños que tienen más rabietas que otros?

Sí, hay niños que tienen más porque temperamentalmente son más intensos para expresar las emociones. Hay otros que jamás tienen rabietas pero eso tampoco es garantía de que esté todo bien. Cada uno es un ser único y todos tienen su propia manera de expresión, los niños y los adultos; por eso esa frase de que cada familia es un mundo es absolutamente real. Yo creo que todo está en poder estar atento y sensible a lo que realmente está detrás de lo que está pasando.

¿No quedarse en la escena en sí?

Claro, si se quedan solo con lo que ven reaccionan mecánicamente y no se observa más allá. Hay que pensar, “hay una rabieta, ¿qué está pasando?” Y después ver qué se hace, para que sea una respuesta inteligente y no mecánica. Como en tantos otros temas, tiene que haber una buena conexión con el niño porque si uno está bien conectado con su hijo puede entender qué le pasa.

No hay que quedarse con las recetas que antes traían las revistas femeninas, que decían “si pasa tal cosa, haga tal otra”. Por más que se desee, no hay una única solución. Hay que esperar, conectar, tratar de ver cuál es la necesidad real del niño en ese momento. Así es que se va a poder criar niños mucho más autoregulados. Si se los va regulando de afuera en una buena manera, ellos aprenden a regularse a sí mismos y no llegan a los 10 años pataleando si no les sale un juego en la computadora.

 


 Entrevista con Natalia Trenchi, psiquiatra de  niños y adolescentes