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Psicología bebés y niños

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Madre ¿hay una sola?

Psic. Sex. Ruben Campero

“No te metas con mi madre”, “siendo madre me siento realizada como mujer”, “mi madre me arruinó la vida”, “la vieja es sagrada”.

Todas estas expresiones, que solemos escuchar y decir, nos estarían hablando de imágenes omnipotentes, idealizadas y tabú izadas, como expresión de los significados que le hemos adjudicado a la función reproductiva de las mujeres biológicas y sus cuidados hacia la cría, conformando lo que llamamos “madre”.

La invención de la madre moderna fue una exitosa táctica del sistema androcéntrico que cuajó rápidamente en la revolución industrial, al constituirse la casa familiar (hogar) en torno a la fábrica, y con ella el afianzamiento de los valores burgueses, heterosexuales y sexistas de la familia nuclear.

Con la salida masiva de mujeres al mercado laboral, las condiciones sociales y económicas de producción comenzaron a cambiar, poniendo en entredicho la exclusividad obligatoria de la familia nuclear heterosexual (funcional al antiguo régimen) y generando cuestionamientos sobre la supuesta “naturalidad” de los roles tradicionales de varón y mujer, entre ellos la maternidad.

Mamá: Modelo para armar

Podría entonces decirse que el éxito de la construcción de la maternidad moderna para el control de las mujeres, estuvo en el hecho de enclaustrarlas en una casa, mantenerlas ocupadas y distraídas (entre embarazos y atención de la prole) de las cuestiones públicas, hacerlas depender afectiva y económicamente de un varón en valor de posesión de este último (ser “la mujer de...”) y convencerlas de que ese era el gran y único objetivo en sus vidas como mujeres.

Si bien los modelos de familias y prácticas tradicionales van cambiando, los ideales y valores simbólicos en relación a estos mandatos de género continúan intactos, aunque complejizados con las nuevas exigencias que enfrentan muchas mujeres.

Ahora bien, ¿cuáles serían aquellas piezas necesarias para armar una subjetividad de mujer que sea funcional al modelo de madre moderna?

En principio se necesita la creencia en una diferencia radical y opuesta entre los sexos, para que las funciones de cuidado de niños y el hogar correspondan “naturalmente” solo a las mujeres.

Para ello es necesario un fuerte entrenamiento desde el nacimiento, sin olvidar inyectar el mandato de que una mujer solo se constituye en tal a través de la institución heterosexual y sexista que reproduce las relaciones asimétricas entre varones y mujeres.

Así se va constituyendo otra pieza de este modelo como es la docilidad y la dulzura. Ideales maternos propios del estereotipo femenino, conformando lo que la psicoanalista argentina Irene Meler llama “la tranquilidad recetada”. Recetar “tranquilidad” es un aspecto central para que una persona acepte la dominación y la reproduzca.

La abnegación y el altruismo son otras de las piezas necesarias para entrenar una subjetividad de mujer funcional a este modelo materno. Una madre nunca piensa en ella, piensa solo en el bienestar de l*s demás, se brinda por entero, “da la vida”, olvidándose de sí misma.... ¿Será por esto que se registran altos índices de depresión y consumo de psicofármacos entre las mujeres?

Desde esta “madre abnegada” se configura la vivencia de un “ser para el otro y por el otro”, y en base a eso la madre es “feliz” por los éxitos de su esposo y el de sus hijos, pero no por los propios, ya que “su éxito” es la felicidad y estabilidad de su familia. Por esta razón, muchas madres viven el “síndrome de culpa crónico” cada vez que hacen algo que exclusivamente las beneficia a ellas, como por ejemplo salir a bailar con amigos, o incluso trabajar fuera de la casa.

¿Y qué ganaría una mujer con tanta sumisión y abnegación? Si ella es la “ama de casa”, la limitada parcela de poder que se le adjudicó en lo doméstico, la haría sentir que esos son sus dominios, y que su “reinado” pasaría por el amor que genera en l*s demás con sus cuidados. Ese es su “capital afectivo”, un valor que muchas madres atesoran ya que las hace sentir dignas y les permite incidir y generar dependencia en la vida de aquellos a quienes cuida.

Este aspecto muchas veces es fuente de conflictos cuando sus hijos crecen y ya no la necesitan, por lo que dicho capital afectivo y la abnegación de tantos años dejan de tener sentido, haciendo que la mujer se enfrente a la crisis de tener que resignar un proyecto de vida que había sido construido principalmente en torno al ser madre según el modelo moderno.

Y la pieza central para el armado de este modelo pasaría por la sexualidad. Aludir a las prácticas sexuales o a los genitales de la madre es usado como forma de insulto. Al parecer nada en torno a lo erótico debe ser asociado con el ser madre. La madre es asexuada, las “otras” mujeres no. Por eso los esposos pueden tener con estas últimas “otras” prácticas sexuales, que no se permiten con “la madre” de sus hijos.

Maternidades Diversas

Lo que habitualmente se llama en Psicoanálisis “función materna”, se refiere a las funciones de cuidados primarios e íntimos que se ejercen sobre la descendencia. Pero en lo absoluto representa una función “natural” o exclusiva de las mujeres biológicas.

La función materna puede ser ejercida por cualquier persona más allá de su sexo, su género y su orientación sexual, así como también admite diferentes modalidades válidas a la hora de ser puesta en práctica.

Las llamadas “nuevas” familias son un claro ejemplo de la diversidad de personas (y modalidades) que pueden desempeñar dicha función materna, la cual (según muestran muchas investigaciones) si es ejercida con dedicación, responsabilidad y afecto, redundará en beneficio para la salud y calidad de vida de niños y niñas.

NOTAS

(1) Véase por ejemplo el libro de Elizabeth Badinter, “¿Existe el amor maternal?”, Ed. Paidós, Barcelona, 1981.

(2) Una muestra clara del entrenamiento para la función de esposa y madre que los medios realizaron, como aparatos ideológicos del Estado durante los años 60, fue la serial “Hechizada”, que actualmente la podemos ver por canales de cable y hasta contamos con versiones retro tanto en formato serie como en largometraje. Recordemos también la famosa publicidad de un aceite en los 70, donde la protagonista cantaba: “mi marido me besa en la mesa, por las ensaladas, por las milanesas, porque uso aceite...”